De todas las obra de Gaudí en Barcelona, la Casa Vicens ha sido una de las que más tiempo ha tardado en ser conocida y admirada por el gran público.
La casa fue un encargo del corredor de bolsa Manel Vicens, quién en 1883 confió en un joven Gaudí para la construcción de su nueva residencia de veraneo en el barrio de Gràcia. Por aquel entonces, el barrio todavía no se había anexionado a Barcelona y era un destino popular entre la emergente burguesía catalana.
El edificio se mantuvo en manos de los descendientes de la familia Jover i Puig (a los que los Vicens vendieron la casa en 1899) hasta 2014, cuando un banco andorrano la compró y fue abierta al público hace apenas un año, el noviembre de 2017.
Si ya has visitado antes Barcelona o si quieres ahorrarte largas colas para poder admirar un edificio modernista, la Casa Vicens es una excelente opción, tal y como te contamos a continuación.
La Casa Vicens se esconde en la parte alta de la calle Gran de Gràcia, a apenas dos manzanas de esta popular calle de Barcelona. Si habéis visitado la ciudad, sabréis que la mayoría de edificios de Gaudí están situados en anchas avenidas o en grandes parques, fruto de su reconocido trabajo para las grandes familias catalanas.
Sin embargo, este fue su primer gran proyecto y lo que entonces una destinación popular de veraneo ahora es un barrio de origen popular que sufre graves problemas de gentrificación.
Esta joya modernista se mantiene como una oda al arte rodeada de los típicos bloques de vivienda que podréis encontrar en cualquier ciudad. El ladrillo versus el azulejo, una vivienda de una familia de clase alta versus los edificios de bloques funcionales de las clases medias barcelonesas. Otra cosa.
Ha perdido la mitad del jardín, pero todavía tiene espacio para un pequeño patio donde podréis encontrar una cafetería.
La arquitectura de Gaudí destaca por muchas cosas, pero una de sus características más visible son sus espectaculares fachadas.
Para su primera obra se inspiró en el arte oriental para jugar y crear con una gran cantidad de materiales como la piedra, los azulejos, la cerámica, la forja o la madera (en el interior), otras de sus señas de identidad que también veréis reflejada en su primera obra.
La fachada rojiza es espectacular y recuerda al estilo de las construcciones árabes. Me gustó particularmente fotografiarla desde la calle perpendicular Aulèstia i Pijoan, porque de este modo se reflejaba el contraste de arte y tiempo.
Los azulejos del exterior también dibujan otra de las obsesiones de Gaudí ya desde bien joven: la naturaleza. Esta pasión, que marcará toda su obra, también se aprecia en el forjado exterior. Restaurado, reproduce una hoja de palmito.
Gaudí proyectó un terreno más grande incluso con cascadas, una fuente circular y un mirador, pero todos estos elementos no se han podido recuperar y el terreno mismo se ha visto reducido con el paso del tiempo.
Uno de los rincones que más me gustó de la fachada está en el interior, en la esquina anexa a la tribuna. El patio interior es un lugar bastante agradable y de hecho, todos los balcones de las casa se orientan a esta zona.
Si el interior destaca por su colorido aire oriental, en el interior encontraréis reflejada esa misma idea.
En la planta noble (la planta baja) encontraréis el comedor y el fumador, dos de las estancias más espectaculares. El fumador, de tono azulado, es un precioso homenaje a la arquitectura árabe y una de las habitaciones más espectaculares.
Esta estancia ha sufrido un detallado proceso de restauración y tiene la singularidad de que las piezas que recubren las paredes están hechas de papel maché.
Al nivel del comedor también encontraréis una agradable tribuna exterior en la que os recomiendo que os sentéis un rato para disfrutar de la casa. Tanto la tribuna, como el balcón de la primera planta fueron dos de las estancias que más me gustaron.
En la primera planta se proyectó un gran dormitorio y la “habitación azul“, dos habitaciones con decoración floreada como una continuación del exterior, los baños (con un sistema pionero en el uso de agua corriente) y la “habitación de la cúpula”. Ésta última es una pequeña estancia situada sobre el fumador, con dos sillones y que destaca por el dibujo de la cúpula del techo.
En la Casa Vicens Gaudí todavía utiliza las líneas rectas, pero ya se ven ideas innovadoras para aprovechar el espacio al máximo como los distribuidores hexagonales y que me evocaron al interior de la Pedrera, que también intenta evitar los pasillos.
En la segunda planta encontraréis la exposición permanente de la Casa Vicens, que incluye documentación y una exposición de maquetas, además de un vídeo explicativo. Durante la reforma se eliminaron los tabiques.
Si antes os he comentado que Gaudí proyectaba grandes fachadas, las cubiertas o azoteas no se quedan atrás. Si habéis visitado la cubierta de La Pedrera sabéis de lo que os hablo.
En el caso de la cubierta de la Casa Vicens, es menos espectacular que la de La Pedrera, pero no deja de ser interesante contemplar como ya en su primera obra proyectó un pequeño mirador a la ciudad.
Hay varias torres de inspiración oriental (estuve pensando en minaretes) y en una de las cúpulas me pareció observar que ya jugaba con la arquitectura para enmarcar una vista.
La Casa Vicens es el “nuevo” edificio de Gaudí en Barcelona y se sitúa en precio en la órbita de otros edificios del arquitecto, aunque no es el edificio con la entrada más cara.
Está abierta todos los días excepto el 25 de diciembre y el 1 y 6 de enero.
Horario:
Del 15 de octubre de 2018 al 31 de marzo de 2019:
Del 1 de abril de 2019 al 30 de septiembre de 2019:
Consulta promociones y precios especiales en su web
La Casa Vicens está ubicada en la calle de las Carolines número 24 de Barcelona.
Se puede llegar en transporte público bajando en la parada de metro de Fontana (L3), muy cercana al lugar, o en el ferrocarril (FGC) de Pl. Molina o Sant Gervasi.
Si ya habéis visitado antes Barcelona o queréis huir de las largas colas es un buen lugar para aproximarse a Gaudí.
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